¿Fue este líder indígena asesinado por luchar en defensa del territorio en Ecuador?

Publicado originalmente en inglés en The Guardian el 2 de junio de 2015
Por Dan Collyns en Tundayme

 

Nubes oscuras se ciernen sobre la estación de autobuses de Tundayme donde José Isidro Tendetza Antún se despidió de su familia por última vez.

Los cielos cambiantes e impredecibles de la Cordillera del Cóndor debieron haber sido un espectáculo familiar para el líder indígena el 28 de noviembre [de 2014] mientras se despedía para participar en un mitin de protesta en contra de un enorme proyecto minero de capitales chinos que está siendo forjado sobre su tierra ancestral.   

El nunca llegó. Cuatro días más tarde su hijo Jorge encontró el cuerpo de Tendetza en una tumba sin nombre, mostrando señas de tortura y estrangulamiento.

Seis meses después, su muerte continúa retumbando entre los residentes de esta cordillera selvática situada a caballo entre la frontera amazónica del Ecuador y el norte de Perú.

Tendetza fue un destacado crítico del gobierno del presidente Rafael Correa, a quién acusó de girar en U sobre su promesa de respetar la naturaleza y las tierras indígenas. En 2008, Ecuador se convirtió en el primer país del mundo en reconocer legalmente los derechos de la naturaleza en su constitución. Sin embargo, ha aprobado desde entonces una serie de mega-proyectos, incluyendo proyectos mineros a gran escala y represas hidroeléctricas, que están siendo desarrollados en su mayoría por manos chinas.

Proveniente de una familia de siete hermanos, José Tendetza creció en la Cordillera del Cóndor, aprendiendo a cultivar, a cazar y a pescar igual que sus antepasados antes que él.  

Este bosque nublado y biodiverso es el hogar de los Shuar, el segundo grupo indígena más grande del Ecuador, que en el pasado luchó y se enfrentó a los incas y a los conquistadores españoles, y ahora está luchando para hacer frente a la llegada de El Mirador–una mina de oro y cobre de 1,4 billones de dólares.

En la localidad dicen que la comunidad ha experimentado un aumento de conflictos cuando las labores mineras comenzaron en El Mirador, propiedad de la empresa china EcuaCorriente SA–filial de CRCC Tongguan Investment–desde que fue comprado a una empresa canadiense en 2010.

Familias Shuar han sido ya desplazadas por el proyecto, que si se completa resultará en la destrucción de 450.000 hectáreas de bosque nublado.

La familia de Tendetza, sus partidarios y sus abogados sospechan que fue su oposición a la mina lo que lo condujo a su muerte–la tercera muerte violenta de un líder Shuar en seis años. (Freddy Taish recibió un disparo durante una operación militar contra la minería ilegal en 2013 y Bosco Wisum murió a causa de heridas de bala en enfrentamientos con la policía en 2009).

Las tensiones siguen siendo altas. En una visita reciente a territorio Shuar, The Guardian fue seguido y filmado por hombres que los locales identifican como empleados del equipo de seguridad de la mina.

El embajador de Ecuador en el Reino Unido, Juan Falconí Puig, dijo que el gobierno había ofrecido de 100.000 USD (£66,000) de recompensa a cualquiera que pudiera proporcionar información precisa sobre el crimen. En una carta a The Guardian, dijo que la investigación de la muerte de José Tendetza sería supervisada de forma independiente por la Federación Shuar.

Luego, el 23 de mayo, el ministro del Interior del Ecuador, José Serrano Salgado, anunció en Twitter que la policía había detenido a dos hombres sospechosos del asesinato de Tendetza. Ambos sospechosos son hombres Shuar trabajadores de la empresa EcuaCorriente, y según Serrano, uno de ellos fue encontrado en posesión de teléfono celular de Tendetza. En otro tweet el ministro elogió a la policía y a la oficina del Fiscal General, diciendo que perseguirían a los "autores intelectuales" del crimen. Los dos hombres, sin embargo, no han sido acusados de ningún delito, después de que un juez ordenó su libertad por razones de procedimiento tras una audiencia preliminar.

Bruno Segovia, abogado que representa a la familia Tendetza, dice que se mantienen escépticos. "La familia conoce a los hombres acusados y dicen que nunca han tenido ningún problema con ellos", dijo a The Guardian.

Los familiares de Tendetza dicen que hace mucho tiempo han perdido la fe en las autoridades.

Apenas una semana después del asesinato la policía, armada con armas automáticas y apoyo de helicópteros, allanó la casa de la familia de Tendetza en la comunidad de Yanua. La incursión fue ordenada por el fiscal local que sigue el caso supuestamente con el objetivo de encontrar pruebas y "armas" que pudieran explicar su muerte, según la ONG Amazon Watch con sede en Estados Unidos, que, junto con otras 13 organizaciones no gubernamentales, escribió una carta pidiendo transparencia en la investigación del estado sobre el asesinato.

"Mi hermano era un líder que defendió nuestros derechos, nuestros ríos, los derechos de la naturaleza que el mismo gobierno había propuesto, pero ya no creemos en el gobierno", dijo Carlos, el hermano de Tendetza, mientras la lluvia estacional tamborileaba sobre el techo corrugado de zinc en casa de la familia.

Con ojos oscuros y rápidos enmarcados por un rostro angular y enjuto, Carlos se parece a su difunto hermano, un hombre que amigos y familiares describen como un líder natural y carismático.

En el momento de su muerte, Tendetza, de 47 años, se encontraba organizando a las federaciones indígenas locales que protestaban contra la contaminación de los ríos por sedimentos mineros y el desalojo de la población local, tanto Shuar como colonos–el término usado para ecuatorianos mestizos asentados en el lugar. Tendetza había presentado una denuncia contra la mina El Mirador en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Sus partidarios dicen que había sido objeto de una campaña de acoso, y había recibido una serie de amenazas contra su vida y contra su hogar. En 2012 su casa y los cultivos de su chacra fueron incendiados por un grupo de hombres que la familia sostiene eran empleados de EcuaCorriente.

La última vez que la familia Tendetza le vio, subía al autobús en dirección al pequeño pueblo de Bomboiza, en camino para encontrarse con su tío, Domingo Ankuash, y otros dirigentes Shuar. La familia dice que planeaban discutir cómo iban a denunciar el acoso al que se enfrentaban en la cumbre sobre cambio climático de la ONU en Lima el siguiente mes. Nunca llegó.

Cuatro días más tarde, su hijo Jorge, alertado por un rumor, viajó a la morgue de la ciudad de Yantzaza, donde descubrió que el cadáver de su padre había sido sacado del río Zamora por los trabajadores mineros. Una autopsia se había llevado a cabo, y Tendetza fue enterrado en una tumba marcada "sin nombre".

A petición de la familia, el cuerpo fue exhumado y se realizó una segunda autopsia. Si bien la primera autopsia concluyó la causa de la muerte había sido ahogamiento, la segunda determinó que Tendetza había sido asfixiado. Segovia, el abogado de la familia, dijo que testigos han dicho que sus manos estaban atadas a la cintura y el cuerpo mostraba cortes y contusiones.

“Es curioso que se encuentre un cuerpo en el río y sin investigación, sin identificar el cuerpo, sin informar a la familia para que pudieran investigar lo ocurrido, lo entierren como 'NN'–sin nombre”, dijo Segovia.

Los hermanos de Tendetza ligan su muerte a su oposición a EcuaCorriente, la compañía en la que trabajó como obrero temporal hasta 2006 hasta que fue testigo de la quema de una casa para supuestamente expulsar a una familia de terrenos cedidos a la empresa. A partir de entonces, se opuso activamente a los planes de la compañía para desarrollar el proyecto El Mirador.

En una declaración a The Guardian, un portavoz de EcuaCorriente dijo: “Lamentamos las insinuaciones que han sido recogidos, que constituyen una afrenta a la reputación de la compañía y su comportamiento respetuoso de la ley. Hemos demostrado, y vamos a seguir haciéndolo, total respeto por las personas y sus culturas, lo que es correspondido por las comunidades que nos rodean, que como prueba, participan y colaboran en su mayoría en el trabajo decente y respetuoso de nuestra empresa”.

“La pérdida de una vida humana provoca consternación, más aún cuando algunos de los familiares del señor Tendetza son trabajadores de la empresa, a quienes se les extendió la debidas condolencias tras su muerte”.

“Confiamos plenamente en las investigaciones que realiza el Estado ecuatoriano a través del Ministerio del Interior y la Policía; cuyas conclusiones esperamos para exponer a los responsables de un incidente tan deplorable”.

El impacto de El Mirador es claramente visible tan pronto se entra en las tierras ancestrales Shuar donde campos y bosques están salpicados de carteles naranja donde se leen "propiedad privada" demarcando las tierras compradas por la empresa china.

Al cruzar un río que ha inundado parte de la carretera, una señal en español y mandarín en una casa de madera, advierte: “La persona o empresa que entra o hace daño a esta propiedad será penalmente procesado o sometido a la justicia indígena.”

Nos están siguiendo. Un motociclista con pasamontañas filma nuestros movimientos con una cámara digital de color rojo y luego acelera y se distancia, pero nos continua siguiendo el rastro. Los guardias de seguridad en los puestos de control también nos filman, primero subrepticiamente, luego abiertamente cuando se dan cuenta que han sido vistos.

La niebla se deshace y una cicatriz roja emerge en una ladera verde esmeralda. Está a varios kilómetros de distancia pero se pueden ver excavadoras pesadas en sus bordes. La primera excavación de una mina a cielo abierto en El Mirador tendrá 1,5 kilómetros de ancho y 650 metros de profundidad. Para extraer 2m toneladas de cobre, se excavarán alrededor de 145m toneladas de tierra y rocas, según el informe de impacto ambiental de la empresa de 2010, produciendo cientos de millones de toneladas de relaves ácidos durante su vida útil.

Los ambientalistas están horrorizados.


"Una mina como esta no debería haber sido desarrollada en una zona como esta. Hay demasiado en juego”, dijo Richard Kamp, director de E-Tech International, una consultora de ingeniería con sede en Estados Unidos, que ha estudiado los impactos ambientales potenciales de El Mirador desde 2011.

Su principal preocupación es el plan de la compañía para almacenar millones de toneladas de residuos mineros tóxicos en una enorme balsa de residuos a menos de 1km del río Quimi. Este río desemboca en el río Zamora, que a su vez alimenta al río Santiago, que serpentea hacia el sur en Perú conectando con el Marañón, importante afluente en la cuenca del Amazonas.

Kamp cita el derrame de mina Monte Polley en la Columbia Británica, Canadá, en agosto de 2014, como un precedente preocupante. Una presa en un estanque de residuos estalló liberando 4,5 millones de metros cúbicos de lodo tóxico en un bosque prácticamente intacto, afectando un área poblada mayoritariamente por pueblos indígenas o “Primeras Naciones” [así llamados en Canadá].


Decisión histórica

Según el abogado Mario Melo–que ayudó a Tendetza a llevar su caso en contra de El Mirador en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos–[El gobierndo de] Ecuador falló en obtener el consentimiento previo e informado de los Shuar para desarrollar la mina El Mirador en sus tierras.

Al no hacerlo, el gobierno renegó de su compromiso con la Corte Interamericana de Derechos Humanos, dijo Melo, quien ganó el año pasado un fallo histórico que obliga al país a pedir disculpas al pueblo de Sarayaku por la extracción de petróleo en su territorio sin su consentimiento.

A pesar de que fue en gran parte responsable de la decisión histórica de Ecuador a reconocer los derechos de la naturaleza, el presidente Correa ha dicho que la constitución de 2008 no prohíbe al país el uso de sus recursos no renovables.

Correa–quien ha arremetido contra el “ecologismo infantil”–sostiene que las riquezas naturales del Ecuador ofrecen la mejor oportunidad de “desarrollo soberano” para mejorar la educación, la salud y los niveles de vida.

Pero sus opositores políticos acusan al presidente de la entrega en serie de concesiones petroleras, hidroeléctricas y mineras en un esfuerzo por asegurarse fondos chinos. El mapa de concesiones del gobierno es un mosaico de figuras geométricas superpuestas sobre las montañas y ríos del sur de Ecuador.

Cualquier esperanza de respetar los derechos de la naturaleza fue “totalmente borrada cuando el gobierno comenzó a repartir concesiones como volantes”, dijo Carlos Pérez, el exuberante líder de la Confederación Kichwa del Ecuador, que representa al grupo indígena más grande del país. Pérez–un ex aliado que se ha convertido en opositor del presidente Correa, ha sido encarcelado tres veces durante la actual administración–señala que la mayoría de concesiones han ido a empresas chinas.

Ecuador comenzó a solicitar préstamos de Beijing en 2008 cuando suspendió pagos por $3.2 billones de deuda externa, y la dependencia del país en el crédito chino no muestra signos de disminuir.

Los analistas dicen que el país ha acumulado más de $15 mil millones de deuda con China, pero las condiciones de los préstamos carecen de transparencia y podrían incluir una “renuncia de inmunidad soberana” lo que permitiría a China hacerse con activos ecuatorianos si el país dejase de pagarle.

El Gobierno dice que la inversión ha ayudado a mejorar los servicios públicos en todo el país. Para los Shuar, sin embargo, la apertura de territorios indígenas a recursos extranjeros hasta el momento no ha traído sino miseria.

La familia de Tendetza dice que desde que José fue asesinado ha llovido de manera continua y fuertemente. Es la estación de lluvias más húmeda que pueden recordar.
 
“Nosotros, los Shuar, somos los dueños de todo esto, el bosque, las cascadas, los animales, los ríos”, señala Carlos Tendetza y con un amplio movimiento de su mano abarca el horizonte y más allá. “Pero la compañía lo está destruyendo y no recibimos nada a cambio excepto abusos”.

La otrora tribu guerrera que resistió por siglos a los españoles fue famosa por la práctica de reducción de cabezas. Mucho ha cambiado, pero el avance continuo de la mina y la falta de justicia percibida en la muerte de su hermano, hace que Tendetza considere tomar el asunto en sus propias manos.

“Somos civilizados ahora”, añadió, como si estuviera dando voz a un debate interno. “Pero estamos dispuestos a luchar hasta la muerte para recobrar lo que es nuestro”.